LAS ARISTAS POLÍTICAS DE LA FIEBRE DEL POLLO EN TAILANDIA

por Chanida Chanyapate e Isabelle Delforge*       

La ambición de Tailandia por convertirse en "la cocina del mundo" ha sufrido un severo revés de relaciones públicas. Al mismo tiempo que el gobierno anunciaba el 2004 como el año de los alimentos inocuos a fin de mejorar la calidad y reputación de los productos alimenticios tailandeses, más de 20.000 toneladas de pollo fueron reembarcadas a Tailandia tras ser rechazadas por Japón, Europa y Corea del Sur.

Tailandia, como muchos otros países de la región, se tambalea por lo que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha descrito como un inusitado brote epidémico de fiebre del pollo que se está propagando como un reguero de pólvora por toda el Asia. Esta pandemia, que probablemente se originó en la China a finales de 2003 (1), ya provocó la muerte a más de cien millones de pollos en Corea del Sur, China , Hong Kong, Indonesia, Tailandia, Laos, Camboya y Paquistán.

Más preocupante aún para las autoridades sanitarias del mundo es el hecho que ese virus mortal se trasladó de su huésped original, que son las aves, y está infectando a los seres humanos. Según la OMS, hasta mediados de marzo se habían registrado 34 personas infectadas en Tailandia y Vietnam, de las cuales 23 ya fallecieron, 12 de ellas en Tailandia. Hasta ahora la mayoría de los infectados estuvo en contacto directo con aves enfermas, pero se teme que el virus pueda mutar y que empiece a contagiarse de humano a humano, algo que hasta ahora no ha ocurrido. No obstante, hay gran preocupación en los círculos de la OMS, que alerta sobre las consecuencias devastadoras que podría acarrear una pandemia de ese tipo para la salud humana en todo el mundo.

Fiebre del pollo, crisis nacional

En Tailandia, la fiebre del pollo se transformó rápidamente en una crisis nacional, en primer lugar porque la industria avícola es un gran negocio en el país. En 2003, Tailandia fue el 4º mayor exportador de pollo en el mundo, con ventas internacionales que ascendieron a 540.000 toneladas por un valor de US$ 1.200 millones. Casi un 90% de la producción avícola nacional se exporta, fundamentalmente a Europa y el Japón (2). La producción de pollos y piensos para alimentarlos y la industria de procesamiento del pollo representan en conjunto un sector industrial tan importante que se estima que las pérdidas totales que sufrió esta industria como consecuencia de la fiebre del pollo superan los 30 millones de Bat. (US$ 763,000). Tripol Jawjit, un político de la oposición, afirmó que 670.000 familias campesinas estaban sufriendo los efectos económicos de la fiebre del pollo. (3)

Sin embargo, que la epidemia se haya extendido mucho más allá que a las gallinas y los patos se debe fundamentalmente a que la empresa líder del mercado es a su vez el mayor imperio industrial de Tailandia. El Grupo Charoen Popkhand (Grupo CP) es un conglomerado multinacional que emplea a unas cien mil personas en 20 países de todo el mundo. Su negocio principal es la producción de alimentos, pero sus actividades abarcan desde las semillas hasta las telecomunicaciones, desde piensos hasta franquicias de los mini-mercados Seven Eleven.

El Grupo CP es el primer exportador asiático de pollos y controla en muchos casos toda la cadena de producción, desde los alimentos concentrados hasta las ventas al por menor de pollos procesados. Los piensos y más específicamente la producción de maíz híbrido es la parte más lucrativa de este negocio verticalmente integrado (4). Según Viroj Na Ranong, una investigadora del Instituto Tailandés de Investigaciones para el Desarrollo, "el negocio de  los pollos fue lo que hizo famoso al Grupo CP en Tailandia. La empresa ingresó al mercado tailandés en la década  de los '70 con  nuevas razas y un sistema de contratos agrícolas inspirado en el de Arbor Acres, su socio en EEUU. Consecuencia de ello, el pollo se transformó en la carne más barata en el mercado. Eso cambió los hábitos alimentarios de la población y las gallinas desaparecieron del jardín trasero de las casas". (5)

Aun cuando la producción de pollos sólo representa el 10% de los ingresos del Grupo CP, la fiebre del pollo golpeó a todo su imperio económico. Al día siguiente que el gobierno reconoció oficialmente el brote del virus, las acciones del Grupo CP en la bolsa se desplomaron un 12,5% y el índice de la Bolsa de Valores de Tailandia cayó en picada. En Tailandia cuando CP estornuda toda la comunidad empresarial se resfría o, en este caso, se agarra fiebre.

La fiebre se vuelve crisis política

Pero mucho más allá que el efecto económico devastador de la epidemia, la fiebre del pollo sacudió a todo el país a medida que ésta se fue transformando en una crisis política que duró un mes. Desde el primer momento, el primer ministro Thaksin Shinawatra, que es asimismo uno de los empresarios más ricos del país, manejó todo el asunto con tanta falta de transparencia y apoyó a la industria nacional en forma tan descarada que los consumidores tailandeses empezaron a sentir que los estaban engañando. No solamente se mostraron reacios a comer pollo de Tailandia, sino que también empezaron a dudar de la veracidad de las palabras de su primer ministro. Esta crisis de confianza se extendió igualmente a algunos de los principales socios comerciales de Tailandia, entre ellos la Unión Europea y el Japón.

El relato del brote de fiebre del pollo en Tailandia pone al descubierto cómo la agroindustria y el Grupo CP en particular, consiguieron influir a los dirigentes políticos y garantizar que el gobierno defendiese los intereses de la industria de exportación en lugar de proteger a los consumidores y los derechos de los productores.

El manejo que tuvo el gobierno de la crisis de la fiebre del pollo es una historia de encubrimientos, incompetencia, mentiras y decisiones sumamente cuestionables: la demora prolongada en reconocer la presencia de la fiebre del pollo tanto en aves como en humanos, las medidas selectivas que se adoptaron para frenar la propagación de la epidemia, y más espectacularmente, las campañas masivas de relaciones públicas para convencer a los ciudadanos tailandeses de que comer pollo era poco menos que un acto patriótico.

Acusaciones de encubrimiento

Tras dos meses de desmentidos y acusaciones de encubrimiento, el gobierno finalmente admitió la existencia del virus en el país el 23 de enero de 2004. Eso ocurrió sólo después que varios senadores de la oposición y algunas organizaciones de la sociedad civil habían exigido al gobierno que revelara la verdad. Muchas fuentes confirman que la industria avícola y el gobierno ya sabían desde noviembre de 2003 que la epidemia estaba en pleno furor.

Un veterinario de la Universidad de Chulalongkorn en Bangkok declaró que había hallado al virus H5N1 -como se identifica científicamente a la fiebre del pollo-en cadáveres de gallinas procedentes de Nakhon Sawan en noviembre pasado, y que él mismo había informado al jefe del Departamento de Ganadería Yukol Limlamthong sobre el brote de fiebre del pollo. Pero no se tomó ninguna medida (6). Disathat Rojanalak, un agricultor orgánico de Nong Chok cerca de Bangkok explicó que sus gallinas empezaron a fallecer en diciembre. Cuando llevó los cadáveres al Departamento, le dijeron que sus gallinas estaban muriendo "sin causa médica alguna". Como ya habían fallecido 350 de sus aves en pocos días, él tuvo la sensación que el laboratorio no estaba diciendo la verdad. (7)

Un grupo de trabajadoras y miembros del sindicato de la fábrica Centaco en Rangsit (cerca de Bangkok) explicaron que desde noviembre pasado hasta el 23 de enero se les había pedido trabajar muchas más horas extra que de costumbre. "Antes de noviembre estábamos procesando cerca de 90.000 pollos por día. Pero desde noviembre hasta el 23 de enero tuvimos que faenar unos 130.000 pollos diarios". Vieron que muchos pollos llegaban enfermos a la fábrica, pero se les ordenaba procesarlos -incluso si ya habían fallecido por el virus. "No sabíamos de qué enfermedad se trataba, pero comprendimos que la dirección de la empresa tenía mucha prisa en procesar los pollos antes que llegara alguna inspección veterinaria. Ahora los pollos no alcanzan. Procesamos cerca de 60.000 o 70.000 por día, y ya no tenemos trabajo suficiente". (8)

Varios funcionarios del gobierno y ejecutivos de CP reconocieron que se habían adoptado ciertas medidas especiales en las fábricas desde noviembre, pero dijeron que habían creído que se trataba de una epidemia de cólera. Sin embargo, según los facultativos, los pollos afectados por el cólera presentan otros síntomas distintos.

Una de las reacciones más fuertes frente a la labor de encubrimiento del gobierno fue la del comisario de salud de la Unión Europea, David Bryne, que visitó a Tailandia en enero. El primer ministro y el ministro de agricultura lo habían tranquilizado asegurándole que Tailandia se encontraba definitivamente libre del virus, sólo algunos días antes de anunciar que se habían encontrado algunos casos de fiebre del pollo. David Bryne se sintió "deshonrado" y se enojó aún más cuando se enteró que el gobierno había encubierto el brote por temor a provocar pánico entre la población. (9)

The Manager, un periódico de cobertura nacional, acusó al gobierno de mantener la crisis en secreto para proteger los intereses de las grandes empresas avícolas. En lugar de confinar en cuarentena las zonas donde primero se detectó la fiebre del pollo, informó el periódico, los funcionarios gubernamentales hicieron una colecta de dinero entre las empresas avícolas privadas para repartirlo entre los agricultores que tenían aves infectadas (a razón de 40 baht, o casi un dólar por pollo). Los campesinos dijeron que les estaban entregando esa pequeña indemnización a cambio de que se quedaran callados y no dijesen nada sobre la epidemia. Luego, bajo el esquema de reaprovisionamiento, los dirigentes de la industria avícola estuvieron intentando vender gallinas ponedoras a 120 baht por cabeza (10). Debido al grado de extensión de la enfermedad en Asia, el precio del pollo congelado en el mercado mundial se disparó de 1.600 a 2.500 dólares la tonelada en noviembre y diciembre. Según ese periódico, ese escenario representaba una excelente oportunidad de negocios para la industria avícola tailandesa, que en ese momento todavía era percibida como saludable en el mercado mundial. (11)

Cuando las autoridades tailandesas comenzaron a aplicar medidas de emergencia para frenar el avance de la enfermedad aparecieron en la prensa más noticias que fueron motivo de consternación. Cuando el gobierno finalmente reconoció y anunció que se había detectado un foco de fiebre del pollo, declaró una "zona roja" alrededor de la finca y mandó matar todas las aves domésticas en esa zona para evitar así la propagación del virus. Sin embargo, algunos campesinos informaron que tenían pollos muertos pero no se declaró ninguna "zona roja" alrededor de sus fincas. Eso despertó en ellos la sospecha de que las autoridades estaban protegiendo a los establecimientos avícolas industriales vecinos o a los dueños de gallos de pelea sumamente valiosos en la zona. (12)

También hubo dudas respecto a que el levantamiento de las "zonas rojas" aparentemente ocurrió demasiado rápido, sin tener seguridad de que la enfermedad había sido efectivamente erradicada. A mediados de febrero, la OMS calificó de "prematura" la decisión del gobierno tailandés de suprimir las restricciones de la cuarentena. (13)

Muchos observadores concluyeron que el brote de fiebre del pollo en Tailandia habría sido mucho menos devastador si se hubiesen adoptado medidas adecuadas desde el principio.

Comer pollo, un acto patriótico

El apoyo del gobierno a la industria avícola tomó visos muy públicos cuando el primer ministro Thaksin intervino personalmente en una cruzada propagandística para convencer al pueblo tailandés de retomar el consumo de sus platos favoritos con pollo. En febrero fue raro no ver al ministro en los medios con una pata de gallina entre los dientes o listo para una magnífica cena con pollo. Las autoridades pretendían restaurar la confianza del público en los pollos tailandeses y reanudar las exportaciones. Desplegaron carteles inmensos con una frase manuscrita firmada por el gobernador de Bangkok que decía: "Si los tailandeses no comemos pollo tailandés, ¿cómo podemos esperar que otros nos los compren?"

La campaña alcanzó su punto más alto en el "festival del pollo" montado por el gobierno de Bangkok el 8 de febrero, cuando CP y otras avícolas gigantescas distribuyeron gratuitamente miles de platos con pollo, y se organizó una competencia de degustación de pollo al mismo tiempo que en el escenario desfilaban estrellas de la farándula y políticos demostrando su entusiasmo por comer pollo tailandés.

Pero toda esa campaña propagandística tuvo efectos muy magros. Tras varios meses de rumores y la constante falta de información acerca de los riesgos y el alcance de la epidemia, los consumidores tailandeses se mantuvieron escépticos. Muchos restaurantes dejaron de servir pollo y las cadenas de comida rápida especializadas en pollo permanecían desiertas. Luckana Naviroj, directora ejecutiva del Grupo Mall, reveló que en las semanas siguientes a la erupción de crisis de la fiebre del pollo las ventas de pollo habían caído un 50% y las de huevos un 70%. (14)

La cocina del mundo no alimenta a todos

El patriotismo del gobierno con los pollos tailandeses está plagado de contradicciones. Por ejemplo, se alentaba a la gente a comer en los expendios de Kentucky Fried Chicken (KFC), donde supuestamente era seguro comer pollo porque allí se abastecían con pollos de CP y estaban bien cocinados. Es irónico que en la era del capitalismo globalizado la cadena estadounidense de comidas rápidas KFC se haya convertido en ícono tailandés.

Pero las contradicciones fueron de carácter aún más fundamental. El manejo que hizo el gobierno de la crisis de la fiebre del pollo demostró que las autoridades consideran los intereses de la industria avícola exportadora como una prioridad nacional. Sin embargo, la mayor parte de la población de Tailandia no se está beneficiando con ese gran negocio sumamente exitoso.

En primer lugar, quedó claro que la salud de los trabajadores y los consumidores es apenas una preocupación secundaria muy detrás de la protección de las ganancias de los exportadores. Los espectaculares esfuerzos que hizo el gobierno para restaurar la confianza pública en los pollos tailandeses no se comparan en absoluto con sus magros esfuerzos de información a los consumidores y a las personas con alto riesgo de exposición al virus de la fiebre del pollo. La Organización Mundial de la Salud llegó incluso a criticar duramente al gobierno por no brindarle protección sanitaria adecuada  a los avicultores, los veterinarios y las personas involucradas en la matanza masiva de animales en las "zonas rojas" infectadas con la fiebre del pollo. (15)

La señora Kulnipa Panton, presidenta del sindicato de trabajadores de la fábrica procesadora Centaco de Rangsit se expresó así: "Cuando el gobierno dio la noticia del brote de fiebre del pollo en la televisión, le pedimos a la dirección de la empresa que incrementara nuestra seguridad. Le pedimos ropa de trabajo que nos protegiese y nos la dieron. Pero eso no es suficiente. Nosotras corremos mayores riesgos que los avicultores ya que no tenemos otra opción que estar manipulando pollos todo el día; tocamos su sangre y tocamos sus plumas". Para entonces ya habían estado faenando y procesando pollos enfermos por más de dos meses, sin ningún tipo de protección especial.

Los pequeños productores avícolas fueron los primeros afectados por el virus. La mayor parte de las víctimas de la fiebre del pollo en Tailandia fueron avicultores de zonas rurales. Los pequeños productores avícolas se quejaron de que no tenían acceso a información confiable acerca de esa enfermedad y sobre cómo evitar el contagio. Esa querella adquirió tonos particularmente emotivos cuando la madre de un niño de 6 años que había muerto contagiado por el virus invitó al primer ministro y a su gabinete a comer pollo en su aldea, manifestando que le pagarían 10 millones de baht a cualquiera que falleciese por comer sus pollos, ridiculizando llena de amargura las promesas de la campaña publicitaria del propio gobierno. Asimismo, las organizaciones de consumidores también condenaron al gobierno por difundir mensajes de tranquilidad cuando los riegos en realidad eran muy graves. (16)

Agricultura de exportación: producir más por menos

La idea de que exportando más se beneficia toda la nación es una noción fuertemente arraigada. Lejos de ser una especialidad tailandesa, esta creencia es uno de los pilares del pensamiento neoliberal que ha dominado la economía en las dos décadas pasadas. Pero la experiencia de Tailandia demuestra que no todos se benefician. En los últimos 20 años Tailandia se convirtió en un exportador neto de alimentos muy exitoso -según la OMC, el quinto del mundo en 2001. Pero al mismo tiempo, los productores de alimentos han experimentado la caída constante de sus ingresos, la multiplicación de sus deudas y el medio ambiente ha sido devastado por los agroquímicos y la sobreexplotación.

Aun cuando el valor de las exportaciones de alimentos se incrementaron en un 52% entre 1995 y 2000 en Tailandia, la deuda de las familias campesinas aumentó en promedio un 51% (de 24.672 baht/US$623 a 37.231 baht/US$941) en el mismo período y el número de hogares endeudados ascendió a 3.379.163 (17). Los agricultores tailandeses están produciendo más por menos. En lugar de beneficiar a los agricultores y los trabajadores agrícolas, la liberalización del comercio en el sector agrícola ha beneficiado a los comerciantes intermediarios, los corredores de bolsa y las grandes empresas agroindustriales.

El Grupo CP tiene la ambición de convertirse en "la cocina del mundo" -misión que el gobierno ha hecho suya para todo el país. La fiebre del pollo reveló que esta meta comercial lleva a confundir de manera sumamente peligrosa  los intereses de la nación con los intereses y las ganancias de la industria de exportación.

* Chanida Chanyapate Bamford es subdirectora de Focus on the Global South, e Isabelle Delforge es investigadora asociada del mismo instituto.

Notas

1. Según la OMS la pandemia se originó en Corea del Sur en diciembre, pero la revista New Scientist publicó que según los expertos el brote del virus probablemente haya aparecido algunos meses antes en la China.

2. Según la Thai Broiler Association

3. Bangkok Post, febrero 6 de 2004.

4. Entrevista con el Sr. Anek Silapapun, vicepresidente del Crop Integration Business Group, afiliado al Grupo CP, junio 20 de 2003.

5. Entrevista, Bangkok, junio 19 de 2003.

6. Bangkok Post, enero 30 de 2004.

7. Entrevista, marzo 19 de 2004.

8. Entrevista con dirigente sindical de esa fábrica en marzo 20 de 2004.

9. Bangkok Post, febrero 5 de 2004.

10. Bangkok Post, marzo 25 de 2004.

11.The Manager, febrero 2 de 2004.

12. Bangkok Post, marzo 11 de 2004.

13. Bangkok Post, febrero 11 de 2004.

14. Bangkok Post, febrero 9 de 2004.

15. Bangkok Post, febrero 4 de 2004.

16. Bangkok Post, febrero 3 de 2004.

17. Red de Agricultura Alternativa, Federación de Campesinos del Norte, RRAFA, Bangkok, agosto de 2003.